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Precariedad y subcontratación: la realidad de los y las trabajadoras subcontratadas de SENAME


01 de diciembre de 2020
Por Francisca Arancibia

“Más que una máquina: experiencia de trabajador-s subcontratad-s de SENAME” es el nombre con el que Javiera García Meneses, psicóloga y candidata a Doctora en Psicología de la PUCV, tituló el corto documental, producto de su proyecto de investigación. Durante el análisis, ella y su equipo recogieron los testimonios de 6 trabajadoras/es subcontratadas/os del Servicio Nacional de Menores (SENAME), relatos que dan cuenta de la precariedad que, en todas sus formas, deben enfrentar a diario y la debilidad de una política pública que no está a la altura de su cometido.

Desde Sintrasub-Sename conversamos con Javiera sobre sus motivaciones por abordar esta problemática y sus conclusiones frente a las experiencias de las y los trabajadores. Aquí sus reflexiones:

¿Desde dónde nace el interés por profundizar en las experiencias de trabajadoras subcontratadas/os de SENAME?

Creo que hay varios caminos que se fueron uniendo y que me trajeron a trabajar con las trabajadoras y los trabajadores de SENAME. Si soy sincera, cuando comencé el doctorado ni siquiera pensaba que esto iba a ser así.

En concreto, creo que mi interés por las experiencias de las trabajadoras y trabajadores subcontratados de SENAME nace cuando vi que en el quehacer cotidiano de este trabajo se intersectan varias temáticas que ya, por si solas, son complejas de sobrellevar en la práctica: como lo son por ejemplo la precariedad laboral, la incorporación de los mecanismos de rendición de cuentas, la financialización según rendimiento, todo el tema de la privatización de los servicios públicos; a lo cual se suma a el tipo de intervención que realizan y las temáticas con las que trabajan, que tienen que ver con la vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes, y el trabajo con las familias, un trabajo que es primordialmente vincular y profundamente afectivo. Desde ahí, yo creo que me moví por un poco por la intuición de que este era un espacio que, por un lado, era necesario estudiar; y por otro, era un espacio donde se podían ver los afectos (temática que guía mi tesis doctoral) de manera evidente debido a las tensiones que la literatura mostraba.

¿Esperabas encontrarte con los relatos y sensaciones que compartieron las y los trabajadores?

La verdad es que no. Al principio fue difícil para mí escuchar los relatos. Si bien sabía algunos antecedentes, escuchar una y otra vez los mismos relatos – porque hay una coherencia increíble en las entrevistas a pesar de que muchas de ellas son individuales – me golpeó profundamente. Creo que después de la primera ronda de entrevistas recién pude digerir lo que las entrevistadas y los entrevistados me estaban contando sobre su trabajo cotidiano.

Esto me hizo darme cuenta de que realmente este es un trabajo que no es conocido ni reconocido aquí en Chile. Los relatos me hicieron cuestionarme mis propias ideas sobre lo que era y hacía un trabajador o una trabajadora de SENAME y sobre cuáles eran los problemas y las tensiones que experimentan a diario. Los relatos también me llevaron a cuestionar este imaginario que hay en Chile sobre cómo son estas personas que trabajan en SENAME y también me llevó a preguntarme cómo darle mayor visibilidad a estas experiencias que me estaban compartiendo, porque son tan potentes que no pueden quedarse en mi computador como un dato más. Hay que visibilizar la rabia, la pena, el dolor, el cansancio, y todo eso que estas trabajadoras y trabajadores sienten todos los días cuando realizan su trabajo.

Con los testimonios recogidos, ¿qué importancia le atribuyes a la sindicalización de las y los trabajadores subcontratadas/os de Sename?

Yo creo que la sindicalización es un paso importante en la trayectoria profesional, al menos así me lo hicieron saber las personas entrevistadas, en tanto permite sentirse segura o seguro en un contexto laboral lleno de incertidumbres y desprotecciones. Creo que el sindicalizarse les ha permitido a estas trabajadoras y estos trabajadores sentir menos miedo, miedo de perder el trabajo, miedo de decir lo que piensan. Desde ahí, desde esta pérdida del miedo que se enraíza en el respaldo del sindicato, es posible hacer pequeñas pero importantes transformaciones en sus espacios laborales, ir resistiéndole un poquito a la máquina.

Por otro lado, creo que la sindicalización permite una reflexión colectiva particular, que no sé si es posible que se de en otros espacios más formales de trabajo, como por ejemplo una reunión de equipo. Creo que esto es central: el poder conversar de lo que nos pasa, de nuestra experiencia laboral cotidiana, de cómo eso nos afecta corporalmente, de cómo nos hace sentir, y darnos cuenta de que es algo colectivo, que no soy sólo yo quien se siente así y que, por lo tanto, este no es un problema personal, sino que es un problema macro-social; esto es demasiado importante. Creo que sólo así, desde la conciencia de cómo se construye lo social, podemos cuestionar el sistema en el que estamos, y resistirlo al menos un poco.

¿Cómo crees que afecta la precariedad en el trabajo y la falta de políticas sociales en la intervención?

Tremenda pregunta. Yo creo que los distintos niveles de precariedad en los que se ejecuta la política de protección a la infancia en Chile - entendiendo la precariedad no sólo como la falta de recursos materiales y económicos, el tipo de contratación o la temporalidad de los programas; sino que también entendiendo que la falta de lineamientos concretos y teóricamente profundos en la intervención es parte de esta precariedad - afecta, primordialmente, los cuerpos de las trabajadoras y los trabajadores. El cuerpo encarna la precariedad y esto se manifiesta, por ejemplo, en las licencias, en el nivel de tensión que refieren estas trabajadoras y trabajadores en distintas partes de su cuerpo o en las emociones narran sentir cotidianamente en relación con su quehacer laboral.

Una de las entrevistadas decía “el cuerpo es nuestra herramienta de trabajo”, y creo que su forma de pensar su trabajo da en el blanco. Si bien hay muchas otras cosas en las que podríamos enfocarnos para responder cómo la precariedad afecta el trabajo, creo que el cuerpo es algo que pocas veces se resalta, pero que, para mí, tiene una centralidad tan evidente. No se trata sólo de que el cuerpo de las trabajadoras y los trabajadores sea afectado médica o patológicamente por el trabajo; sino que, a través del cuerpo, de cómo sentimos y las actividades que realizamos, o qué podemos o no podemos realizar, se va construyendo una forma de ver el mundo, de vernos a nosotras mismas y de crear sociedad. Por eso creo que ponerle atención a la corporalidad es central en la reflexión sobre el impacto de la precariedad en este tipo de trabajo.



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