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SINTRASUB-SENAME Apoya Postnatal de Emergencia


Por comisión comunicaciones

30 de junio de 2020

La irrupción de la pandemia a nuestro país vino a enrostrarnos la crueldad y lo fúnebre de las políticas que son destinadas a velar por la protección de los Derechos Humanos de las personas que vivimos en Chile. Cuando decimos “velar” nos referimos a ese rito que acompaña a la muerte. Durante los últimos meses, hemos visto como leyes destinadas a seguir privilegiando al empresario, y a sus intereses, pasan rápidamente, siendo admisibles y constitucionales, para que luego trabajadoras/es tengan que someterse a ellas sin mayor objeción, porque ha tenido que ser así: “O morir de Coronavirus o morir de hambre”.

Si ya innumerables trabajadoras/es han sufrido la vulneración de ser expuestos a la Ley de Protección “Al Empleador”, viendo el pago de sus remuneraciones suspendido y teniendo que echar mano al escaso fondo de su seguro de cesantía; ahora somos testigos de cómo se intenta declarar inadmisible el Proyecto de Ley de Extensión del Postnatal, siendo reemplazado por una propuesta del ejecutivo que pretende que madres, padres y cuidadores se sientan seguros, junto a sus hijes, haciendo uso de la nefasta ley de “protección”.

En lo particular de nuestra labor, somos más de 11 mil las trabajadoras y trabajadores subcontratados del Servicio Nacional de Menores, quienes ejecutamos el 96,2% de la política de la niñez y juventud. Espacio laboral en el que cerca del 80% de la fuerza de trabajo es realizado por mujeres, lo que refleja la feminización del trabajo de cuidado en un área de alta precariedad laboral.

Como sabrán, nuestro rol se basa fundamentalmente en la protección de la niñez y juventud vulnerada, nos abocamos a la reparación y restitución de derechos, tanto en el plano ambulatorio como residencial. Dicha labor es altamente compleja, ejercemos con el sufrimiento humano de personas, de niños, niñas y jóvenes, mayoritariamente excluidos, lo que supone un importante compromiso con el ejercicio cotidiano, debemos estar siempre atentas y atentos, trabajamos con vidas en desarrollo. Pese a ello, nuestra labor no es reconocida, los sueldos son bajos, carecemos de políticas de cuidado en el plano de la salud mental, no hay incentivos, brilla la rotación, en fin, somos tercerizados, trabajadoras y trabajadores de segunda categoría.

Así las cosas, en el contexto de pandemia, hemos visto incrementado el maltrato laboral, con modificaciones importantes en el ejercicio, por un lado equipos deben ejercer vía remota bajo la ley de teletrabajo y por otra bajo turnos rotativos que van desde los 5 hasta los 21 días, como si trabajáramos en una mina en el norte del país.  De resguardos en cuanto a protección y salud, poco y nada.

Convivimos permanentemente con la rotación, nuestra sombra es el Art. 161 del código laboral, licitación tras licitación, por tanto, un porcentaje significativo de compañeras/os no cumplen con los requisitos y cotizaciones mínimas para hacer uso del Seguro de Cesantía con Cargo a Cuenta Individual o el Seguro de Cesantía con Cargo al Fondo Solidario. El temor a perder el trabajo es un fantasma que acompaña la labor y nos deja vulnerables a aceptar condiciones laborales que ponen en riesgo a nuestras familias, por sobre todo en el contexto de pandemia, tal como sucedió con las compañeras que laburan en la Empresa Fruna.

Así las cosas, hemos constatado tremendas dificultades para hacer respetar el pago de sala cuna,  con amenaza de descuentos, así también la frialdad para no adecuar anexos de contrato para trabajadoras en períodos de lactancia, con bebes o con niños que requieren de una atención diaria. Nuestra labor es psicosocial, con frecuentes urgencias por el riesgo en el que están las familias sujetas de atención, es común la necesidad de salir a terreno constantemente, siendo altamente probable el contagio de les trabajadores, es común enfrentar crisis familiares vía teléfono o video llamada, lo que para una madre, padre o cuidador resulta del todo desgastante y complejo en el contexto actual.

A nuestro parecer las labores de crianza, en los primeros meses de vida, se vuelven incompatibles con las exigencias de nuestro trabajo. Por el tipo, la complejidad, la demanda de la labor que realizamos y las sobrecargas asociadas a la precarización laboral, es difícil que coexista el trabajo y la crianza dentro del hogar. ¿Cómo se puede teletrabajar y cuidar a los niños en un mismo espacio?, ¿cómo acompañar a mi hije si me imponen turnos hasta de 21 días? Los tiempos de trabajo siguen siendo extensos, las responsabilidades laborales no cambian. La doble presencia, fenómeno recurrente en las trabajadoras de esta área, ahora se materializa. Nuestra labor es altamente estresante, de concentración máxima. Si fallamos en el trabajo, se pueden comprometer vidas de niñes y jóvenes, sujetos de atención. Si fallamos en la crianza en las etapas críticas, arriesgamos el desarrollo evolutivo de nuestres hijes. Estas dobles exigencias deben problematizarse e interrumpirse. No naturalicemos el problema histórico de normalizar la maternidad y el maternaje social como habilidades inherentes al género femenino.

En virtud de lo expuesto, como sindicato de trabajadoras/es subcontratados del SENAME, expresamos nuestro apoyo al PROYECTO DE LEY DENOMINADO POSTNATAL DE EMERGENCIA, pues responde a las necesidades de las madres, padres y cuidadores que en un contexto como el actual no pueden ni deben exponerse, al contrario, es un deber brindarles protección social. Concretado aquello habrá seguridad, desarrollo y crecimiento pleno para la niñez.

¡Necesitamos Postnatal de Emergencia, ya! No podemos seguir esperando, la niñez y sus familias deben ser prioridad.



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